jueves, 5 de febrero de 2015

El valor de la persona

¿Qué es lo verdaderamente importante en una persona?
Pienso que, cada persona tiene una respuesta a esta pregunta, pues no todos buscamos lo mismo en el resto. Por ello, plantearé lo que pienso yo, planteando esta nueva pregunta "¿qué es lo que valoro yo en una persona?".
Siempre me han atraído las personas que destacan en otras en su personalidad, es decir, no siguen un estereotipo de persona normal. Aquellas personas raras, no solo por forma vestir sino por su forma de comportarse, generalmente, son las que más me llaman la atención, sobretodo, aquellas personalidades incomprendidas. Esa persona que tiene una personalidad que no he visto anteriormente. Cada vez conozco más gente de este tipo y puedo decir que, entre ellas, no se parecen en nada.
Pienso que, no existe una persona igual a otra; ¿cuantas buscan una media naranja? Alguien con mismas ideas y forma de ser, esta búsqueda absurda se confunde muchas veces con la comprensión. Sí, puede existir una persona que te comprenda y te ame y, seguramente, esta sea la persona más diferente que puedas encontrar.
No busco alguien, ni igual ni parecido a mi, busco quien entienda lo que expreso, no importa que comparta mi opinión.
Siempre, he dicho que, el supuesto utópico de encontrar un clon de ti mismo, es discutir con un espejo. No obtendrás nada más que aquello que hubieras hablado contigo mismo. Solo consigues reafirmarte en tus mismas creencias, no descubres nada nuevo.
Por ello, considero que la persona que conozcas, cuanto más diferente sea mejor, siempre que te comprenda y escuche. Aprenderás a ver las cosas de otra forma.
Ese miedo a ser especial, a ser raro, a ser tú mismo, a que te miren... "¿es un sistema de protección?".
Yo veo un elogio que me llamen raro. Es lo que nos diferencia de las máquinas, ser raro es ser humano.
La sociedad quiere que seamos máquinas salidas de una cadena de montaje, y si te sales de esa cola te insultan, te hacen sentir inferior, tratan de limitarte, te hacen preguntas... y nos tratan de clasificar cuando cada persona debe ser inclasificable.
El racismo, por ejemplo, no es irracional porque todos somos iguales, es irracional porque todos somos distintos. Si hubiera que clasificar a las personas por cajones, cada una tendría su cajón.

Gracias Belén por la reedición.